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Oil in Canvas de Edward Hopper

Desde mi ventana, veo a mi vecino en su salón como en un lienzo de Edward Hopper. Ya lleva tres días encerrado en casa, cuando lo normal hubiera sido oficina, gimnasio, lavandería y supermercado. En bucle, como las cuatro canciones de la lista de los 40 principales. Parece más nervioso de lo habitual, haciendo llamadas mientras no separa la vista de la televisión. En cualquier otra ocasión se hubiese sentado en el salón a ver Netflix a las 9 de la noche, tras desabrocharse el traje, devorando un menú de comida rápida que le hubiese traído algún repartidor autónomo. Hoy no es la cena, sino el almuerzo, ha sacado el chándal del altillo de un armario, y no es el último capítulo de Black Mirror, sino los informativos. Los dos primeros días de esta extraña situación, el repartidor dejó la bolsa de papel, llamó al timbre y se fue sin esperar a que la puerta se abriese. Hoy mi vecino ha decidido cocinar. Ayer estuvo revolviendo los cajones y mirando fotos antiguas y encontró un viejo re...